Este campo se encontraba en el corazón de Alemania,
fue puesto bajo la administración de las SS,
convirtiéndose en campo de concentración.
A partir de julio de 1944 comenzó a ser empleado
como estación de tránsito para judíos de Holanda,
Polonia, Hungría, Albania, Grecia y Yugoslavia.
Se proyectó encerrar a unos 10000 prisioneros,
pero en la segunda mitad de 1944 estaba superpoblado,
con un promedio de 15000 cautivos.
Aunque en Bergen-Belsen no hubo
gaseamientos ni incineraciones,
allí murieron 37000 prisioneros, víctimas del hambre,
las enfermedades, la violencia de sus guardianes
y el agotamiento en el trabajo.
Bergen fue el primer campo de
prisioneros liberado por los
aliados occidentales.
Cuando llegaron allí, las tropas
británicas quedaron espantadas
ante los cadáveres hacinados en
grandes fosas comunes aún sin cubrir.
Los soldados obligaron a los civiles
de los alrededores a peregrinar
hasta el campo de concentración para
que contemplaran fríamente el crimen cometido.
El 21 de mayo, tras haber cubierto las fosas,
labor en la que fueron empleados soldados
de la Wehrmacht y de las SS, las autoridades
británicas ordenaron que todo el complejo
fuera incendiado para evitar epidemias.