Terminada los cuatro meses de instrucción y ya convertidos en soldados
-milites-, seguían realizando marchas, ejercicios y entrenamientos aunque
ya disponían de algún tiempo libre, pero se les mantenían ocupados durante
las horas de trabajo.
Al amanecer se presentaban al centurión para que les
asignaran las tareas de la jornada, principalmente guardias o trabajos
de limpieza.
A veces patrullas o funciones de policía, pero también
la construcción de calzadas y obras civiles, en donde debían de picar
piedra en las canteras, cavar cimientos, alisar caminos y pavimentar.
Todo nuevo legionario procuraba conseguir un destino que le
evitara trabajos desagradables. Estos trabajos, destinados para los que conocían
un oficio -herreros, carniceros, enfermeros, domadores de caballos, ...-
eximían de realizar otras tareas.
Percenio, líder de un motín contra Tiberio en el año 14 d.C. se expresaba de
las siguiente manera: "el servicio militar es duro y poco provechoso.
Tu cuerpo y alma se valoran en unas cuantas monedas por día;
con esta limosna tienes, además, que pagar la ropa, las armas y las tiendas de
campaña, así como los sobornos para los centuriones que son demasiados crueles,
y poder librarte así de los encargos pesados".
Además, los soldados tenían prohibido casarse, por ello eran muy usuales los
matrimonios informales e incluso que tuvieran hijos, estos no serían legítimos,
pero esto se arreglaba cuando se retiraran.
De hecho, tan pronto cualquier hombre que se integrara en el
ejército, su matrimonio quedaba legalmente anulado.
El emperador Séptimo Severo -193-211 d.C.- dio permiso a los
soldados para que vivieran con sus esposas en vez de obligarles volver cada
noche al campamento.
Pero también existían algunas ventajas: una paga regular considerablemente
superior a la de un labrador, y el mejor servicio médico del Imperio.
También se podían aprender otros oficios, y después de la derrota
del enemigo muchas veces se presentaban oportunidades de saqueo.
Además de la paga también se recibían otras recompensas.
Augusto entregó 75 sestercios a cada uno de los legionarios,
mientras que Claudio estableció una costumbre de pagar un donativo en metálico
al inicio del mandato de un nuevo emperador.
Augusto también se preocupó de que se gozara de una buena jubilación después
del cumplimiento del servicio; los licenciados recibían una parcela de tierra
o una buena cantidad de dinero, equivalente a la paga de doce años.
JERARQUÍA
El ejército romano se encontraba muy jerarquizado.
En la cúpula se encontraba el emperador.
El prefecto del pretorio era, en cierto modo, el ministro de
la Guerra y estaba asistido en Roma por el prefecto de las cohortes pretorianas,
de los oficiales y de los centuriones.
En las provincias, cada ejército regional estaba bajo el
mando de un general, el legado del ejército.
Al mando de cada legión había un comandante -legado-,
7 oficiales -un prefecto del campamento y seis tribunos, los tribunos se
encargaban de la selección de sus soldados- y 59 centuriones.
Cada unidad auxiliar tenía un jefe y varios centuriones
-infantería- o decuriones -caballería-.
En la marina, cada barco se organizaba como una centuria,
fuese cual fuere su tamaño; su comandante, que estaba a las órdenes de un
prefecto -almirante-, ostentaba el título de centurión.
Dentro de una legión, un hombre empezaba como simple soldado de a pie -miles-,
después de varios años de servicio y para los soldados con oficio,
el primer ascenso era de miles a inmunis; aunque tenía el mismo salario,
les eximía de las rutinas generales de los demás soldados.
Pero el primer ascenso verdadero convertía al soldado en principal,
de los que existían dos clases: los que cobraban paga y media -sesquiplicarii-
y los que percibían doble paga -duplicarii-.
El primer grupo incluía varios tipos de suboficiales, como el
tesserarius -ordenanza-.
Entre los segundos estaban los portaestandartes -signiferi y
vexillarii-, los optiones y otros oficiales.
El siguiente grado era el de centurión, en donde los más
veteranos y experimentados -primi ordines- formaban parte de la primera cohorte,
y el más antiguo de ellos -primus pilus- tenía derecho a asistir
a los consejos de guerra.
El verdadero carácter de los centuriones aparece ilustrado en un episodio
de la Guerra de las Galias de Julio Cesar.
En el año 5 a.C., las tropas de César trataron de conquistar
la fortaleza de Gergovia, pero fueron rechazados y tuvieron que retirarse monte
abajo.
En estas condiciones habrían sufrido terribles bajas,
pero los centuriones se quedaron a cubrir la retirada de sus hombres:
murieron casi 700 hombres, de los cuales 46 eran centuriones -uno por
cada 14 legionarios, cuando la proporción normal era de 1 a 80-.
ORGANIZACIÓN DE TROPAS
La legión constituía la base del ejército romano.
Originalmente el término
"legión" se aplicaba a
todo el ejército, hasta
que en el siglo IV a.C.,
adquirió un significado
más familiar para
describir un regimiento
de infantería pesada.
El
secreto de su éxito
radicaba en su
organización, sumamente
flexible.
En el siglo I
a.C., una legión con toda
su capacidad, estaba
formada por 5120
hombres y dividida en
diez cohortes.
Una
cohorte normal
comprendía 480 hombres
y se dividía en seis
centurias de 80 hombres;
no obstante, la primera
cohorte de la legión,
formada por los mejores
soldados, tenía cinco
centurias dobles de 160
hombres.
El mando de
cada centuria estaba en manos del centurión, asignado por méritos
especiales.
Cada centuria de 80 hombres se dividía a su vez en 10 contubernios -unidad
mínima del ejército romano, que era alojado en una tienda-, y dos centurias
formaban un manipulo por lo que una cohorte esta compuesta por tres
manipulos.
Un ejército lo componía habitualmente cuatro legiones aunque esta cifra
podía variar incluso a cinco.
La primera cohorte era siempre la mejor de una legión, la sexta la
componían los mejores hombres jóvenes, la octava eran tropas selectas, y la
décima buenas tropas.
Las cohortes más débiles eran la 2ª, 4ª, 7ª y 9ª,
compuestas la 7ª y 9ª por tropas con poca experiencia.
DESPLIEGUE EN EL CAMPO
En los primeros tiempos, un ejército romano estaba compuesto por aproximadamente
1000 hombres, estos estaban
divididos en cinco categorías -según su nivel económico-,
los más ricos estaban armados como hoplitas griegos
-largas lanzas, espadas, corazas, grebas y escudos redondos--,
el grueso del ejército lo componía las otras cuatro
categorías, con menor armamento, y los más pobres no llevaban
ninguna armadura y estaban armados con ondas.
Adoptaban la formación de una falange, esta consistía
en un largo bloque de soldados con varias líneas de fondo
protegidas por sus escudos y lanzas-.
A principios del siglo IV a.C. la legión formada por unos 4800 hombres
tiene en la infantería cinco clases de soldados:
los hastati, los príncipes, los triarii, los rorarii, y los accensi.
Los hastati, eran los hombres más jóvenes, llevaban armadura completa y
escudo rectangular, como armas ofensivas,
empleaban el pilum, y una espada corta.
Unidos a estos estaban las levas, que eran los más pobres, llevando una
lanza y varios pilum.
Los príncipes, mejor armados que los hastati, pero eran hombres con más
experiencia y madurez que aquellos.
Los triarii, que eran los soldados más aguerridos de la legión e iban
armados de corazas y largas lanzas.
Los rorarii eran los hombres más jóvenes e inexpertos, los accensi
eran los luchadores menos seguros.
La primera fila, o sea el grueso de la legión, la formaban los hastati,
en las alas de la formación se colocaba la
caballería; en segunda fila y como reserva para relevar y defender
la primera línea se situaban los príncipes y, en la
tercera, como reserva y para acudir a los sitios comprometidos,
formaban los triarii.
Entre los espacios que dejaban
las turmas de caballería se solían situar máquinas arrojadizas.
En el siglo II a.C. los rorarii y los accensi se convirtieron en vélites
y fueron repartidos entre todos los demás grupos
a razón de 20 hombres por manipulo, se convirtieron en las tropas
más móviles del ejército, ya que después de lanzar
los pilum contra el enemigo, retrocedían entre las
líneas de los hastati y los príncipes.
Los manipulos eran ahora de
160 hombres, con dos centuriones al frente de cada uno.
Otro hecho a destacar en este periodo fue el aumento en el
número de las tropas auxiliares, y el descenso del número de ricos
romanos que quisieran prestar servicio en el
ejército.
El cónsul Mario introdujo el ejército profesional, aumentando el periodo
de servicio que hasta ahora había sido de seis
años, esto atrajo a muchos pobres que veían el servicio como un oficio,
se tuvo cuidado de reenganchar a los
soldados veteranos y de dar un buen retiro al finalizar el servicio.
También se le otorga a él, el eliminar las diferencias
entre las distintas líneas, dándole a todos igual armadura y armamento
y la división de la legión en diez cohortes.
De
este modo la legión entraba al combate en una formación
de cinco cohortes en la primera línea y de otras cinco,
cubriendo los espacios que quedaban entre las primeras.
Entre la reforma de Mario y el emperador Augusto hubo dos cambios
que modificaría para siempre el ejército: el
primero daba autoridad a los gobernadores provinciales
para reclutar tropas, permitiendo levantar las nuevas tropas
en cualquier provincia del imperio; y el segundo punto era que
la lealtad de los soldados pasaba ahora a los
comandantes, los cuales podían proporcionarle un botín.
En el siglo I a.C. Julio César reformó esta disposición, añadiendo
una tercera fila de tres cohortes; es decir, que la
formación combativo de la legión, desde entonces, consistió
en un frente de cuatro cohortes, cuyos intervalos se
cubrieron con tres en segundo término, y las tres de última
fila quedaban como reservas.
Con tal cambio, fue
borrándose la importancia de la legión como unidad táctica, viniendo
a ser reemplazada por la cohorte.
Es a partir de la segunda mitad del siglo I d.C. cuando se aumenta a
480 hombres el número de cada cohorte, dividida
en seis centurias, y 810 hombres la primera cohorte
dividida en cinco centurias.
El método de combatir consistía en arrojar al enemigo
una lluvia de flechas y piedras por parte de los arqueros y
honderos de las tropas auxiliares, rápidamente estas tropas
se retiraban para dar paso al resto de tropas mediante el
arrojo de los pilum hasta llegar al cuerpo a cuerpo,
en donde se usaba la espada corta y el escudo.

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